Santa Clara, la capital de la antigua provincia de Las Villas era una ciudad grande y bien defendida por el enemigo, que tenía a su disposición el regimiento Leoncio Vidal; la estación de policía; la motorizada, una pista aérea militar y cerca de 3 000 oficiales y soldados sobre las armas.

El Comandante Ernesto Che Guevara en la Batalla de Santa Clara, diciembre de 1958. Foto: Archivo

Contrario a lo que algunos calculaban, de que el Che esperaría a que Camilo tomara Yaguajay para juntos atacar la importante urbe, el líder rebelde decidió no darle tiempo al enemigo y arremeter solo la acción lo antes posible.

Es por eso que una vez ocupada Placetas, el guerrillero argentino decide marchar sobre Santa Clara, para lo cual estableció su campamento militar en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas el 28 de diciembre de 1958.

Conocedores de la intensión del jefe de la Columna 8, el ejército de Batista decidió defender la ciudad por posiciones, tomando los principales edificios, entre ellos, el cuartel 31, la estación de policía; la audiencia; la cárcel, el Gran Hotel y el Gobierno Provincial.

Contaban, además, con un tren blindado, donde viajaban unos 350 soldados y armamento para cerca de 500 hombres, medio que se encontraba estacionado en las faldas de la loma del Capiro, al no poder proseguir su marcha hacia oriente producto de la voladura de los puentes del ferrocarril por parte del Ejército Rebelde.

En esas condiciones comenzó la batalla de Santa Clara el 28 de diciembre de 1958. Durante cuatro días las fuerzas revolucionarias, con el apoyo incondicional del pueblo santaclareño, combatieron a un enemigo varias veces superior en número y medios.

En las acciones brilló la capacidad organizativa del Che, quien daba ideas de cómo enfrentar los tanques, atravesando carros, camiones y guaguas en las calles y empleando botellas de gasolina encendidas.

Asimismo, atravesaba casas rompiendo las paredes con mandarria cuando no podía avanzar por las calle, o levantaba la línea del ferrocarril para descarrilar el tren blindado; además de organizar la cacería de los francotiradores enemigos en el combate.

El 29 de diciembre, con el concurso de la población, las vías amanecieron llenas de barricadas. Ante el avance rebelde los ataques aéreos se concentraron sobre la ciudad, los cuales no pudieron impedir el descarrilamiento, ataque y rendición del tren blindado.

Un día después se combatía en toda Santa Clara, cayendo en manos rebeldes el Gobierno Provincial, el cuartel de los Caballitos, la cárcel y la jefatura de Policía, donde momentos antes de la rendición muere de un balazo el jefe del pelotón suicida, Roberto Rodríguez, a quien todos llamaban El Vaquerito.

Durante el último día de 1958, mientras continuaban los ataques de la aviación, los tanques y tropas de infantería salieron por última vez del Regimiento Leoncio Vidal, en un vano intento de cambiar la situación, sin embargo fueron rechazados por los rebeldes.

Mientras esto sucedía, los agentes del SIM y delatores agrupados como francotiradores en el Gran Hotel, resultaron capturados, tomándose además la Audiencia y el importante Escuadrón 31, quedando lista la escena para atacar la guarida principal del régimen.

El 1ro. de Enero del nuevo año, a las 12:00 horas, los soldados entregaron la fortaleza, con cuyo desenlace Santa Clara estaba en manos del Ejército Rebelde, una victoria que se unía a la arrolladora ofensiva librada en Oriente, causantes de la debacle de la dictadura y del triunfo revolucionario de 1959.

Al valorar aquella hazaña, Fidel expresó: «Che era un maestro de la guerra, Che era un artista de la lucha guerrillera (…) lo demostró en su fulminante campaña en Las Villas; y lo demostró, sobre todo, en su audaz ataque a la ciudad de Santa Clara, penetrando con una columna de apenas 300 hombres en una ciudad defendida por tanques, artillería y miles de soldados de infantería».

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