Por José Luis Alonso Lanza

castro-palomas-kKB--510x287@abcAl igual que muchas personas, creo que estas fechas navideñas, la proximidad del fin de año, y hasta la cercanía de los reyes magos, resultan, por lo general, como si viviera de pronto un sentimiento combinado entre tristeza y alegría. Tristeza, ante el recuerdo, de los que ya no estarán; alegría, por los que recién se han sumado, por el recuerdo imperecedero, de los que no están, pero de alguna forma, muy especial, han dejado esa huella profunda que hoy nos caracteriza como simplemente somos en lo individual, como cubanos.

Para ti, para aquel, el del frente, ese que viaja por la cera de la sombra huyendo del calor agobiante de un sol de diciembre, para mí, para cualesquiera, este instante, es evocar en la memoria, aquel 1ro de enero del 1959, el momento en que la noticia de la huida de Batista, promovió, alegría, gozo, júbilo,…, alboroto, no sé, creo que podríamos resumir como: la mejor cosa que un año nuevo, podía traer a Cuba.

-¡Había que impedir lo del 33 cuando la caída de Machado!- repetían en mi casa, la familia y sobre todo, los amigos de mis tíos, uno del Partido Socialista Popular, el otro del Movimiento 26 de Julio. Yo no sabía que había pasado en el 33, ni quien era Machado, esas cosas, son de otro momento, y para otra historia. Ese fue el día en que por primera vez en mi vida oía la palabra comunista y recuerdo que al preguntarle a mi difunta abuela sobre aquello que acababa de oír, me gané un tapaboca y la advertencia de que: -¡ni la repitas!

Qué reyes magos aquellos, todo el mundo con sus pistolas y escopetas a jugar, pero, nadie quería ni ser cowboy, ni indio, todos queríamos ser del 26, o barbudos, nadie quería hacer el papel de malos,…, y entre todo aquello, te acuerdas cubano, llegó Fidel a La Habana, los mambises habían entrado, al fin en Santiago de Cuba, y los barbudos de Fidel, como aquellos corajudos combatientes de la histórica manigua, entraron en La Habana, triunfantes, vitoreados por todo el pueblo que se unía a aquella marcha como un solo hombre.

¡Qué noche aquella del 8 de enero! En el otrora Cuartel Columbia, la madriguera del dictador, en el mismo polígono donde Batista había predicho que tenía la bala en el directo para inmolarse, allí mismo, Fidel habló por primera vez a aquel pueblo que lo veía, como el advenimiento de la esperanza, de un nuevo amanecer.

Y no se quién, no sé si tú lo sabrás cubano, pero alguien, soltó un bando de palomas blancas, símbolo inequívoco, único, exclusivo de O Bátala, y de pronto aquella blanca paloma que se posa sobre el hombro del hombre, jugueteando, con su barba, en su cuello, quizás diciéndole al oído: ¡Este es tu pueblo!, haciéndole saber a todo el pueblo presente y en cualquier otra sinfonía: ¡Pueblo, este es tu líder!…

Están los detractores, que porfían en que eran palomas entrenadas; de seguro, como entrenada estuvo la muerte al resucitar al Nazareno, como habrán gritado los fariseos…

Y ya ves, 57 años de duro bregar, de salir airoso en miles de batallas, de sucumbir a más de seiscientos intentos de asesinato; hoy dicen, que ha muerto, que no estará este 2 de enero en la plaza, yo no les creo, pues el hecho de no esté presente, no implica que se haya ido.

Mas el pueblo estará allí, convocado, por ese emisario de O Bátala, esta vez, quizás sin palomas, pero de seguro que junto a Camilo y el Che, ese Che que en su fidelidad al hombre cuyo nombre es en verdad lealtad, sinceridad,…, constancia1 bien dice:

Y cuando llegue el final de la jornada
la sanitaria operación contra el tirano,
allí, a tu lado, aguardando la postrera batalla,
nos tendrás…
Y si en nuestro camino se interpone el hierro,
pedimos un sudario de cubanas lágrimas
para que se cubran los guerrilleros huesos
en el tránsito de la historia americana. Nada más.

1Ernesto “Che” Guevara. Canto a Fidel. México, 1956

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