Por Arthur González.

La palabra cambio es una constante en el vocabulario de los que odian a la Revolución cubana, pero a la hora de aplicárselo para ellos es como si no existiera en el diccionario.

Así lo acaban de demostrar los funcionarios del estado de Florida al cancelar la firma de dos acuerdos entre la parte cubana y los puertos floridanos de Everglades y Palm Beach, debido a la amenaza, entiéndase chantaje, efectuada por Rick Scott, gobernador del estado, de proponer recortes presupuestarios a las terminales marítimas que se atrevan a establecer negocios con Cuba.

El 7 de marzo el legislativo del estado analizará el presupuesto para esas áreas, el cual alcanza la suma de 82 mil millones de dólares.

Nadie con un mínimo de inteligencia puede entender como un gobernador estadounidense puede impedir que una entidad de su estado obtenga ganancias comerciales y facilite el empleo de sus votantes, pero es tal el odio que sienten por la Revolución socialista que la pasión les ciega la razón.

No por gusto el gobierno cubano reitera que no puede haber una normalización de relaciones entre los dos países mientras exista la guerra económica impuesta por Estados Unidos para hacer fracasar el proceso revolucionario.

Quién este mundo puede explicarse cómo es posible que Estados Unidos restablezca relaciones con Cuba y el gobernador de uno de sus estados amenace mafiosamente a las autoridades de dos puertos con recortarle el presupuesto para su funcionamiento.

¿Eso es democracia o dictadura?

La reacción del gobernador Scott, se produjo al conocer la presencia de una delegación cubana, que previo acuerdo con los funcionarios de ambos puertos, firmarían memorandos de entendimiento para futuras operaciones comerciales, algo beneficioso para los empresarios norteamericanos y que no tiene ninguna relación con la política.

En días recientes había arribado a Estados Unidos, procedente de la isla, un cargamento con 40 toneladas carbón vegetal, siendo la primera exportación de un producto cubano en casi 60 años.

Ese carbón será destinado a encender hornos para cocinar alimentos, por tanto, nada que afecte o influye en la ideología estadounidense, pero simplemente es una manifestación más de la intolerancia de la mafia terrorista que gobierna el sur de los Estados Unidos, hija de los testaferros del dictador asesino Fulgencio Batista.

Desde que se inició la recta final del concluido proceso eleccionario yanqui, la mafia miamense ha incrementado sus campañas contra Cuba, basada noticias fabricadas con el dinero que le envían a los contrarrevolucionarios cubanos, de que el presidente Raúl Castro “aumentó la represión y las detenciones arbitrarias”, algo que ni la prensa extranjera, las misiones diplomáticas acreditadas, incluida la estadounidense, ni las iglesias, denuncian con hechos reales.

Todo está diseñado para prepararle la mesa al nuevo Presidente, Donald Trump, para que dé marcha atrás al proceso de restablecimiento de relaciones y recorte las licencias que hoy permiten que más ciudadanos norteamericanos visiten la isla, pues estos sí comprueban las mentiras con las que durante medio siglo han engañado al propio pueblo de Estados Unidos.

Los llamados “disidentes”, gozan de plena libertad de movimiento y la prueba está en sus constantes visitas a Miami, donde reciben entrenamiento de cómo deben actuar para provocar a las autoridades, las que ante ellas los trasladan a las estaciones policiales para levantar actuaciones, como ocurre en cualquier lugar del mundo.

Una de las más recientes provocaciones la protagonizaron el 16.12.2016, con el empleo de Kimberley Motley, abogada estadounidense que trabaja para el Departamento de Estado, a quien deben haberle pagado una buena suma de dinero para que aceptara participar en un show mediático que se viró en su contra, al violar las leyes cubanas, algo que una profesional de su experiencia sabe que no es permitido ni siquiera en los Estados Unidos.

La vida y los hechos se encargarán de juzgar a aquellos que solo buscan alejar a los dos pueblos con sucias maniobras.

Mientras Cuba seguirá obrando de forma profesional y con inteligencia, a fin de trabajar en el mejoramiento de las relaciones, pero sin dejar de denunciar la criminal guerra económica que solo prende evitar la satisfacción de las necesidades del pueblo cubano para culpar falsamente al sistema socialista, pero como aseguró José Martí:

“Nada hay tan imprudente como perturbar con propios rencores, la paz en pueblo ajeno”.

Tomado de El Heraldo Cubano

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