Un vuelco de 180 grados tuvo la aplicación masiva de vacunas a la población luego del triunfo revolucionario de enero de 1959. Se debió a la voluntad política del estado y gobierno cubanos de aportar los recursos financieros y humanos para esa misión.

Así se erradicaba el sufrimiento de las familias que perdían a sus miembros, sobre todo, a los niños por enfermedades que la mayoría de las veces eran evitables. Los cubanos mayores de sesenta años se identifican con lo mencionado porque fueron testigos de la triste situación que se daba en campos y ciudades.

En 1959 las altas tasas de morbilidad y mortalidad por enfermedades inmunoprevenibles existentes en el país, hicieron necesaria una alta prioridad hacia la vacunación de la población.

La poliomielitis dejaba cada año 300 inválidos o muertos entre los niños cubanos, la difteria atacaba a otros 600 pequeños en el mismo lapso, mientras el tétanos, la tos ferina y tuberculosis mermaban también la población infantil.

En 1960 se incorporaron las actividades de vacunación en todas las unidades de atención primaria de salud, con lo cual la Mayor de las Antillas, se adelantó 30 años a la aspiración de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de garantizar la vacunación a todos los niños del mundo, en 1990.

Según fuentes consultadas en 1962 se realizó en dos etapas la primera Campaña Nacional de Vacunación Antipoliomielítica en la cual participaron unos 100 mil activistas de los Comités de Defensa de la Revolución –CDR-, y se inmunizaron a más de dos millones de niños menores de 15 años, para un 86 por ciento de cobertura del total de los infantes.

Como resultado de todas estas acciones, Cuba se convirtió desde 1962 en el primer país de las Américas y uno de los primeros del mundo en estar libre de polio. En 1972, se elimino el tétanos neonatal y en 1979 la difteria.

Desde octubre del mismo año hasta febrero de 1963, se extendió la primera Campaña Nacional de Vacunación contra la Difteria, el Tétanos y la Tos Ferina.

También en 1962, se inició la lucha contra el tétanos neonatal, mediante la inyección a las embarazadas con dosis de toxoide tetánico y, al mismo tiempo, se reforzó la vacunación de los recién nacidos en las maternidades con la vacuna antituberculosa BCG.

En los años 1968 y 1969, el Ministerio de Salud Publica de Cuba realizó, en coordinación con el Fondo Especial de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), una campaña de vacunación rural contra la difteria, tétanos, tos ferina, tuberculosis y viruela, en la población menor de 15 años de edad.

La vacuna contra el sarampión comenzó a aplicarse masivamente en 1971, en niños de seis meses a cinco años de vida, y durante el periodo 1975-1976 se hicieron dos campañas de vacunación de amas de casa con el Toxoide Tetánico y se inmunizaron así a 800 mil.

Como una estrategia a largo plazo, para la eliminación del Síndrome de Rubeola Congénita (SRC), en el curso escolar 1982-1983 se administró vacuna antirrubeólica a las niñas de séptimo, octavo y noveno grados de escolaridad y en los años siguientes a las de séptimo.

En 1984 y 1985, se realizaron otras dos grandes campañas de vacunación de ancianos de 65 años o más con el Toxoide Tetánico-TT-, teniendo en consideración la marcada disminución de esta enfermedad y su desplazamiento hacia las edades adultas. También se aplicó en esos años la tercera campaña de vacunación con TT a amas de casa.

En 1986, se ejecutó una Campaña Nacional de Vacunación Antirrubeólica para mujeres en edad fértil, debido a la inminencia de un pico epidémico de rubeola, pronosticado por expertos para 1987. Al concluir esta movilización, se evitó la epidemia y estaban inmunizadas contra esa enfermedad un millón 239 mil 686 mujeres de 18 a 30 años de edad.

De octubre de 1986 a marzo de 1987, se aplicó la campaña triple viral (para la eliminación del sarampión, la rubéola y la parotiditis) a toda la población menor de 14 años.

De 1994 a 1997 se realizaron diversas campañas de vacunación contra la hepatitis B, con un proyecto que permitió concluir antes del año dos mil con la inmunización de todos los menores de 20 años de edad del país.

Durante esos años se desarrollaron también inmunizaciones masivas contra la leptospirosis. La lucha contra la meningitis meningocócica, iniciada en 1989, permitió desde 1995 tener prácticamente erradicada esa dolencia en esta isla antillana.

De 1962 a 1998 se aplicaron casi 250 millones de vacunas en Cuba y el por ciento de niños menores de dos años con todas sus dosis inmunizantes (difteria, tétanos, tos ferina, sarampión, tuberculosis, rubéola, parotiditis, meningitis, meningocóccica y hepatitis B) llega al 99,6 por ciento en la nación.

A partir de 1976 la enfermedad meningocócica constituye un serio problema de salud en Cuba por los crecientes niveles en su incidencia y letalidad. A fines de los años 70 e inicio de los 80, la enfermedad adquieres niveles de epidemia con un aumento significativo de las tasas de incidencia de enfermedad meningocócica causada por el serogrupo B de los serotipos y subtipos B4:P1-15 (95%), 15:P1.15 (3%) y 15P1.16 (1%).

El pico epidémico fue en el año 1983 con tasas de incidencia en niños mayores de 6 años y adolescentes de 20 a 50 casos por 105 y en algunas regiones de las provincias centrales llegó hasta 57,7 x 105.

Pero eso no fue todo: Las acciones de vacunación realizadas en Cuba desde 1959 dieron lugar a un notable impacto sobre la morbilidad y mortalidad de las enfermedades inmunoprevenibles. La poliomielitis, la difteria y el tétanos neonatal fueron eliminados en la Isla y las restantes presentan tasas de morbilidad insignificantes.

El EPI Information Sistem: Global Summary; August 1997, una publicacion de la Organizacion Mundial de la Salud que analiza en 214 países y territorios el impacto y cobertura de la población con seis vacunas incluidas en el Programa Ampliado de Inmunizaciones, que promueve la OMS, sitúa a Cuba en el primer lugar mundialmente. La cobertura cubana (porcentaje de la población vacunada) se eleva al 99% en 1998.

Por indicaciones de la Dirección del gobierno para dar respuesta a esta situación se le da la tarea a un grupo de destacados científicos cubanos de desarrollar una vacuna contra el meningococo B.

Entre varios candidatos vacunales se selecciona unos constituidos a partir de un complejo de vesículas purificadas de la membrana externa del meningococo B, la cual fue capaz de inducir una respuesta de larga duración y con altos títulos de anticuerpos bactericidas de amplio espectro contra diferentes serotipos y subtipos patógenos del meningococo B y a la cual se le incorpora polisacárido capsular purificado del meningococo serogrupo C.

Luego de rigurosos ensayos clínicos esta nueva vacuna es registrada en Cuba en 1989 y comercializada bajo el nombre de VAMENGOC-BC. Esta titánica misión fue llevada a cabo por un grupo de destacados trabajadores de las ciencias de nuestro país, a partir de lo cual surge el Instituto Finlay, encabezados por la Dra. Concepción Campa, Directora- Fundadora del Instituto de Vacunas Finlay.

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Cuba cuenta con uno de los mejores programas de inmunización del mundo; pero, además, el país se introdujo desde 1981 en el competitivo mercado de la farmacéutica moderna y, desde entonces, ha obtenido logros destacados en la producción de vacunas humanas.

Desde hace años los niños cubanos disfrutan del beneficio de 13 vacunas que protegen su salud y bienestar, gracias a la Revolución que desde que triunfó en 1959 introdujo la vacunación masiva.

Fuentes consultadas. Ecu Red y Documentos revisados de la doctora Victoria Casanueva y el Doctor Iván Cuevas, entre otras.

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