Publicado el 2 Abril, 2017 • 9:37 por Felipa de las Mercedes Suárez Ramos
“Lo que siempre me ha llegado en relación con papá es muy loable”, afirma Teresita de Jesús Menéndez Cervera, hija menor del General de las Cañas. Foto: Eddy Martin

Teresita de Jesús Menéndez Cervera solo tenía cuatro meses de nacida cuando el inolvidable líder azucarero Jesús Menéndez Larrondo, fue asesinado, el 22 de enero de 1948, en Manzanillo. Le antecedían sus hermanos Carlos de Jesús, de 5 años; Nardo de Jesús, de cuatro, y Zoila Adela de Jesús, de uno y medio.

Al preguntarle qué significó para ellos el asesinato de su padre y la muerte de la madre, meses después, explica:

“Como es natural, esos sucesos fueron muy dolorosos, porque mi mamá se afectó de tal manera que un miembro de la familia tuvo que hacerle frente a la situación. Al morir papá se hizo una colecta nacional muy grande para nuestra educación y manutención, y nos construyeron una casa, la cual en la actualidad es sede de un museo a él dedicado.

“Éramos muy pequeños, pero un hogar destruido siempre deja secuelas en los niños. A mis hermanos, los más afectados, les duele recordar la situación vivida entonces; no puedo ponerme en el lugar de ellos porque era muy pequeña y solo he tenido referencias de sus compañeros. Lo que siempre me ha llegado en relación con papá es muy loable. En especial por parte de los azucareros, fundamentalmente de los cincuentenarios que lo conocieron; lloraban de emoción ante su tumba. Todo eso es muy significativo.

“El Partido Socialista Popular (PSP) nos puso un tutor que también velara por nosotros. El primero fue Lázaro Peña, a quien sustituyó Salvador García Agüero cuando el régimen impuesto por Fulgencio Batista, con el golpe de Estado de 1952, impidió el regreso de aquel al país. Más tarde fue Arnaldo Escalona, pero al recrudecerse la tiranía no podía estar pendiente porque corría el riesgo de que lo apresaran cuando fuera al banco a autorizar nuestras mensualidades, razón por la cual un primo nuestro asumió la tutela.

“Lo que quiero dejar bien claro es que el PSP siempre estuvo pendiente de nosotros. Además, mi familia paterna, con la cual fundamentalmente nos criamos, era comunista, de manera que tuvimos una formación bastante acorde con la que nuestros padres hubieran deseado”.

¿Qué historias le llegaron a usted alrededor del asesinato de su papá?

Desde que tengo uso de razón hemos participado en las peregrinaciones al cementerio, y estado en contacto con compañeros allegados que nos contaban acerca de sus relaciones con él. Yo soy la menos afectada, porque no conocí a nuestros padres, pero no sucedía lo mismo con mi hermano mayor, y el segundo, porque aunque eran pequeños tuvieron un hogar, los conocieron, y no es lo mismo.

En el artículo titulado La muerte de Jesús Menéndez: una historia mal contada, publicado por la revista Espacio Laical (número 2 del 2016), por Newton Briones Montoto, este presenta la versión de que quien mató a su papá lo hizo en defensa propia. ¿Qué opinión le merece a usted lo planteado por él?

En cuanto a la versión ofrecida por Newton Briones Montoto, coincido plenamente con la valoración hecha por la doctora Angelina Rojas Blaquier, publicada en Trabajadores en las ediciones correspondientes a los días 13 y 20 del pasado febrero.

Existen dos versiones: una real, la de que fue atacado por la espalda, tal como arrojó la autopsia practicada por el doctor Genaro Ortiz; y la otra, ofrecida por el Gobierno vendido a los intereses de Estados Unidos, en la que se planteaba que él había disparado contra el capitán Joaquín Casillas Lumpuy. Mi papá comenzó a correr peligro desde el momento en que no aceptó el dinero que las grandes transnacionales del azúcar le ofrecieron para que abandonara la causa. Por eso lo mataron.

Newton Briones escribió su artículo a partir de un informe del ejército, que lógicamente contradice al del doctor Ortiz, al cual no acude. De esa forma tergiversa lo ocurrido a una figura tan querida y respetada de nuestra historia.

Evidentemente su enfoque se corresponde con el diversionismo ideológico, y su trabajo se enmarca precisamente dentro de esta corriente, cuyo objetivo es tergiversar la realidad para devaluar imágenes, confundir al pueblo, y destruir los valores y símbolos de nuestro sistema social.

Me referiré a algo que viene muy a colación con el problema creado por Newton Briones Montoto con su artículo:

Después del triunfo de la Revolución nos llegó una carta de un desconocido. Se trataba de un trabajador azucarero, viejo militante del PSP, nombrado Juan Abreu, quien nos decía que tenía enterrado el corazón de nuestro padre y nos invitaba a ir a Manzanillo a conocer el lugar. Ese año el sindicato azucarero conmemoró la muerte de papá en esa ciudad, y participamos en la inauguración de un pequeño monumento levantado en el cementerio, en el sitio donde estaban enterrados sus restos.

Juan Abreu fue de los compañeros que entraron a la casa de socorros de Manzanillo, donde habían emitido una autopsia falseada. Secuestraron el cadáver y lo llevaron al local del Sindicato de la Fraternidad del Puerto; allí, sobre una mesa, con la cabeza apoyada en una piedra, el doctor Genaro Ortiz realizó la autopsia y lo prepararon para el recorrido hacia La Habana. Obraron de ese modo porque sabían que en el otro lugar harían cuanto fuera posible por proteger al asesino.

Abreu recogió las vísceras e inicialmente las enterró en un cantero de la casa del sindicato; posteriormente compró un terrenito en el cementerio y las sepultó a escondidas, debido al recrudecimiento de la represión contra los sindicalistas y comunistas.

¿Qué representa para usted ser hija de Jesús Menéndez?

Un orgullo muy grande, un gran honor y un gran compromiso con la causa que mi padre abrazó, a la que dedicó su vida.

Independientemente de ser su hija, ¿qué significa Jesús Menéndez para usted?

Considero que fue muy honesto, sencillo, un comunista; que se superó y llegó a tener una inteligencia muy valorada, a pesar de solo haber cursado hasta el cuarto grado de escolaridad. Esto fue posible porque contó con un partido que lo ayudó tanto a superarse como al buen desenvolvimiento de su trabajo. En síntesis, creo que trascendió a su tiempo, porque a casi 70 años de su asesinato todavía el pueblo lo recuerda, lo admira y lo respeta. Para mí esa es la mayor prueba de que fue un hombre muy grande y un líder muy querido.

Inolvidable encuentro con el Che.

En los primeros meses de 1959, la Unidad Femenina Revolucionaria efectuó una conferencia nacional a la cual asistió como invitado el comandante Ernesto Guevara. Mi hermana y yo asistimos, y una dirigente de esa organización en el barrio nos llevó a conocerlo. Cuando le fuimos presentadas, nos puso los brazos sobre los hombros y nos dijo: “Ustedes deben sentirse orgullosas, pero eso entraña también una gran responsabilidad”. Con el tiempo interioricé esas palabras y me apropié de estas.

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