Una operación de la CIA como preludio de la invasión
Autor: Pedro Etcheverry Vázquez
Incendio en la tienda El Encanto, en La Habana, provocado por agentes de la CIA, el 13 de abril de 1961.
Ruinas de la tienda El Encanto tras el sabotaje. Foto: Archivo
Durante los primeros meses de 1961 las actividades subversivas, es­pecialmente contra objetivos civiles, se habían incrementado. Para los grupos terroristas que actuaban en las ciudades, todo lo que estuviera relacionado con la economía y el co­mercio clasificaba entre los objetivos a destruir. En zonas rurales las bandas de alzados continuaban utilizando las armas y los explosivos que la Agencia Central de Inteli­gen­cia (CIA) les enviaba de forma clandestina, prin­ci­pal­mente por vía aérea y marítima, para afectar la Re­forma Agraria y frustrar la Cam­paña de Alfabe­tiza­ción. Todo formaba parte de una peligrosa escalada de agresiones, con la que intentaban intimidar a los cu­banos y crear un escenario propicio para desencadenar una invasión militar. No valoraron que la Revolución disponía del apoyo de un pueblo inspirado en el liderazgo del Coman­dante en Jefe Fi­del Cas­tro, y dispuesto a luchar hasta las últimas consecuencias.
El 4 de marzo de 1961, durante el acto central por el primer aniversario de la explosión de La Coubre, Fidel expresó: “…Y es un hecho verdaderamente vergonzoso, si es que pudieran ser capaces de concebir la vergüenza, tanto ellos como los que están vendidos a ellos, que actualmente sea precisamente el Servicio Central de In­te­ligencia yanqui, es decir, que sean agen­tes yanquis los que manejen to­dos los hilos de la subversión, de los abastecimientos de armas y de explosivos, con que han estado tratando de promover bandas contrarrevolucionarias y con las que han estado llevando a cabo actos de asesinatos, o actos tan salvajes de terrorismo, como el de h­a­cer estallar una potente bomba en un aula o en una escuela repleta de alumnos”.1 Con estas palabras el máximo líder de la Revolución hacía referencia al sabotaje realizado por un grupo terrorista el 28 de febrero anterior, en la Escuela de Secreta­riado Comercial Nobel Academy, de La Ví­bora, donde una maestra y sie­te alumnas resultaron heridas y se re­portaron cuantiosos daños ma­teriales.
A principios de abril, la situación interna en Cuba era muy compleja a causa del incremento de las agresiones que llevaban a cabo un grupo de or­ganizaciones contrarrevolucionarias dirigidas, financiadas y abastecidas por los servicios de inteligencia norteamericanos. Pero nuestro pueblo, organizado en las milicias, las fuerzas armadas, los órganos de se­guridad, los sindicatos, las organizaciones estudiantiles, la Federa­ción de Mujeres Cubanas y los Co­mités de Defensa de la Revolu­ción, no se dejó amedrentar y cerró filas apoyando la Revolución en todos los frentes.
El 6 de abril estalló un artefacto explosivo en la fachada de la emblemática tienda por departamentos El Encanto,2 ubicada en la calle Ga­liano entre San Miguel y San Rafael, en plena zona comercial de La Ha­bana, que también causó daños ma­teriales en las vidrieras de centros comerciales cercanos como El Ba­zar Inglés, Los Reyes Magos, el Ten Cents, la peletería La Moda y la joyería Casa Quintana. Como consecuencia de este sabotaje resultó herido de gravedad el ciudadano Miguel Arias Ro­sáirez.
Tras este primer acto terrorista, El Encanto se convirtió en una obsesión para los contrarrevolucionarios, quienes se propusieron destruirla. El 13 de abril, poco después de las seis de la tarde, en el De­partamento de Sastrería ubicado en el segundo pi­so, entre los rollos de tela fueron colocadas dos petacas incendiarias de fabricación norteamericana, que unos minutos más tarde reaccionaron provocando un incendio de gran­des proporciones. En unas ho­ras el edificio de seis pisos quedó prácticamente demolido a causa del fue­go. Los daños materiales causados se calcularon en 20 millones de dólares.
En ese hecho murió Fe del Valle Ramos, de 43 años, empleada del De­partamento de Niños, cuando pe­netró en la tienda desafiando las llamas con el propósito de rescatar la recaudación de una delegación de la Federación de Mujeres Cubanas exis­tente en el centro. También se reportaron 20 heridos (16 hombres y cuatro mujeres).
A partir de ese momento otra fa­milia cubana se sumó a la larga lista de víctimas que desgraciadamente continuaría creciendo. Fe del Valle, madre de dos jóvenes que en ese momento estudiaban en Che­cos­lo­vaquia, esposa, federada, miliciana y trabajadora ejemplar, se convirtió en símbolo de valentía y he­roísmo para nuestro pueblo.
Cuando se realizaron las investigaciones los terroristas fueron descubiertos, sometidos a juicio y sancionados a la pena máxima. El principal responsable de la destrucción de la tienda fue identificado como Car­los Gon­zález Vidal,4 miembro de la organización contrarrevolucionaria Mo­vimien­to Revolucionario del Pueblo (MRP), a quien le fue muy fácil ejecutar la cobarde acción aprovechando su condición de em­pleado del Departamento de Discos. De acuerdo con el testimonio del coronel Oscar Gámez Ávila, quien fuera uno de los instructores del ca­so, el terrorista fue detenido por una patrulla de milicianos dirigida por el teniente Pena, en la playa de Ba­racoa, al oeste de la capital, cuando hacía señales de luces en espera de una lancha que debía conducirlo hacia la Florida. Los otros sancionados fueron Carlos Ma­nuel Calvo Martínez y Delio Antonio Torres Her­nández.
La situación interna en Cuba se agudizaba. Era evidente que se aproximaba una agresión militar con­tra nuestra patria, pero nadie sabía cuán­do, cómo, ni por dónde se produciría. Los cubanos desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Mai­sí, incluyendo la Isla de Pinos, se mantuvieron unidos y alertas para derrotar cualquier agresión.
El 15 de abril, apenas brotaron las primeras luces del alba, ocho aviones B-26 procedentes de la Base Aérea de Happy Valley, en Puerto Cabezas, Nicaragua, con falsas in­signias de la Fuerza Aérea Revo­lu­cionaria, atacaron por sorpresa el aeropuerto internacional Antonio Maceo, de Santiago de Cuba y los aeródromos de San Antonio de los Baños y Ciudad Libertad, en La Ha­bana. En este último lugar hubo ocho muertos5 y 53 heridos. Los cu­banos recordamos al miliciano Eduar­do García Delgado, quien mor­tal­mente herido, utilizó sus últimas fuer­zas para escribir con su sangre un nombre que es símbolo de lucha y de victoria: FIDEL.
Al día siguiente, en la esquina de 23 y 12, en el Vedado, frente a la ne­crópolis de Colón, du­rante el se­pelio de las víctimas de los bombardeos, al pronunciar un discurso en homenaje a los caídos, ante una concentración popular donde se destacaban mi­les de milicianos armados, Fidel proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana y declaró el Estado de Aler­ta. En este momento los cubanos estaban actuando en defensa de su soberanía, su libertad y su independencia, pero también defendían su de­re­cho a construir una sociedad socialista.
El día 17 se desencadenó la invasión de la Brigada de Asalto 2506 por Playa Larga y Playa Girón, al sur de la Ciénaga de Zapata, donde esta poderosa fuerza aeronaval que había sido entrenada durante cerca de un año en campamentos de la CIA en Centroa­mérica y en el sur de la Flo­rida, fue derrotada por nuestro pueblo en apenas 66 horas. Las ba­jas en las filas revolucionarias ascendieron a 176 muertos y unos 300 heridos, de ellos 50 incapacitados de por vida.6
De acuerdo con documentos des­clasificados 30 años después por el Gobierno de los Estados Uni­dos, en­tre septiembre de 1960 y abril de 1961, la CIA había introducido clandestinamente en Cuba unas 75 toneladas de explosivos y armamentos mediante operaciones aéreas, y 46,5 toneladas de material bélico a través de infiltraciones clandestinas por vía marítima, para abastecer a grupos terroristas urbanos y bandas de alzados en zonas montañosas. El coronel Jack Hawkins, jefe de la Sección de Personal Paramilitar en el centro de operaciones de la Fuerza de Tarea de la CIA en la denominada Operación Cubana, aseguró que en este periodo en Cuba se perpetraron 110 atentados dinamiteros, se co­locaron más de 200 bombas, se descarrilaron seis trenes, se provocaron más de 150 incendios en grandes objetivos estatales y privados, incluyendo 21 viviendas y unos 800 en plantaciones de ca­ña.7 En estas informaciones no aparece ninguna valoración sobre la cantidad de víctimas civiles que ocasionaron.
El sabotaje a la tienda El Encanto, como preludio de la invasión mercenaria, no constituyó un hecho aislado, formó parte de una larga historia de agresiones fomentadas y dirigidas por los servicios de inteligencia norteamericanos, que han causado mucho luto y dolor a nuestro pueblo durante más de medio siglo. Frente a las re­cientes convocatorias a olvidar el pa­sado, las actuales generaciones continúan adelante defendiendo el proyecto socialista iniciado en Playa Girón.

  • Investigador del Centro de In­ves­tigaciones Históricas de la Segu­ridad del Estado.

Discurso pronunciado por el Co­mandante en Jefe Fidel Castro Ruz, primer ministro del Gobierno Revo­lu­cio­nario, en el acto conmemorativo del primer aniversario del sabotaje al vapor La Coubre, en el muelle Arsenal, que hasta finales de enero de 1959 había sido propiedad de la compañía norteamericana Pan American Docks (Depar­ta­mento de Versiones Taqui­gráficas del Gobierno Revolucionario).
2 Esta tienda era una de las más lu­josas del país. Disponía de 65 departamentos donde trabajaban más de mil em­pleads, y era visitada diariamente por miles de personas, incluyendo turistas en su mayoría norteamericanos. Tenía sucursales en San­tiago de Cu­ba, Holguín, Cama­güey, Cienfuegos y Varadero.
3 De acuerdo con la noticia publicada al día siguiente por el periódico Re­vo­lución, los heridos de El Encanto se nombraban: Adalberto Hernández (bom­bero con síntomas de asfixia), Luis Pa­vón, Nelson Dueñas, Luis Cam­pa Sán­chez, Luis Hernández Suá­rez, Armando Ro­dríguez Mance­bo, José Vázquez Fer­nán­dez, Julián Achón, Marino Osiel Fer­nández, Con­rado Es­trada, Eusebio Or­tega Casals, René Ro­sales, José Antonio Re­cio, Jor­ge Ríos, Pablo García Remedios y Roberto Ro­dríguez Martínez. Las mu­jeres Mirta Na­varrete (43 años), Hilda Ruiz (34), Jo­sefina Seijoó (20) e Isabel Tapia (20).
4 Sobrino de Reinol González, agente de la CIA y coordinador nacional del MRP. Detenido el 12 de octubre de 1961 y sancionado a 30 años de prisión. Fue puesto en libertad por decisión del Go­bierno Revolucionario el 11 de di­ciem­bre de 1977.
5 Ejército Rebelde: Juan Valdés Ló­pez, Ciudad de La Habana, te­niente de las FAR, 27 años; Batería Haba­na: Eduar­do García Delgado, Cien­fue­gos, oficinista de la Univer­sidad de La Ha­bana, 22 años; Adal­berto Vidal Val­dés, La Ha­ba­na, guardajurado, 28 años; Pablo Hum­berto Veitía Alfonso, Ciu­dad de la Haba­na, empleado, 26 años (carbonizado); Ba­­tería Ca­ma­güey: Rolando Es­pino­sa López, Ca­ma­güey, jornalero, 18 años (herido mortalmente); Do­natilo Iselín Aren­cibia Bu­chi­llón, Ciego de Ávi­la, em­pleado, 18 años; Batería Las Villas: Car­los M. Lo­yarte Ló­pez, Sancti Spíri­tus, obrero, 29 años y Luis Valdés Ro­dríguez, Sancti Spíri­tus, mecánico, 19 años.
6 La metralla de los aviones B-26 causaron la muerte de Cira María Gar­cía Ruiz, Juliana Montano Gó­mez, Ra­món López García, y los me­nores Dulce María Martín An­gulo, de 15 años y Berto Córdoba Morales, de seis, residentes en Pla­ya Girón. Tam­bién perdió la vida Pas­cuala María Ortiz Suárez, de 54 años, quien vivía en el Cerro, en La Ha­bana, pero en el momento de la agresión se encontraba de visita en casa de sus familiares.
7 National Archives and Re­cords Ad­ministration (NARA), 5 de junio de 1998. Memorando para an­tecedente, 5 de mayo de 1961 Acción paramilitar contra el Gobierno de Castro en Cuba. Capí­tulo 5: “Resul­tados del programa de re­sistencia interna de septiembre de 1960 a abril de 1961”, p.11.

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