Después de las acciones del 13 de Marzo de 1957, a pesar de la pérdida de valiosos compañeros, entre ellos su jefe principal, José Antonio Echeverría, los combatientes del Directorio Revolucionario se dispusieron a reorganizarse para contraatacar de forma rápida…

Autor: Pedro Antonio García | internet@granma.cu

19 de abril de 2017 23:04:30
De izquierda a derecha (arriba) Joe Westbrook y Fructuoso Rodríguez, (abajo) Juan Pedro Carbó Serviá y José Machado (Machadito), miembros del Directorio Revolucionario asesinados en Humboldt 7. Foto: ARCHIVO

Después de las acciones del 13 de Marzo de 1957, a pesar de la pérdida de valiosos compañeros, entre ellos su jefe principal, José Antonio Echeverría, los combatientes del Directorio Revolucionario se dispusieron a reorganizarse para contraatacar de forma rápida y efectiva a la tiranía batistiana.

El 24 de marzo, en casa de Andrés Silva, quien había sido dirigente de la FEU, se reunió el Ejecutivo del Directorio, integrado por Fructuoso Rodríguez, Faure Chomón, Julio García Oliveras, Enrique Rodríguez Loeches y Joe Westbrook. Se acordó designar al primero como su Secretario General y a Juan Pedro Carbó y José Machado, miembros del Ejecutivo.

Por aquellos días, Fructuoso escribió a los compañeros que cumplían tareas en el exilio: «Seguimos en pie de lucha.

Reorganizándonos para dar otra batalla que quizás sea la definitiva (…) Estamos bien aunque el peligro sobre nosotros ha aumentado notablemente».

El líder del Directorio se refería a una situación real: a los fichados, el régimen batistiano había ordenado asesinarlos donde los encontrasen. Tras un largo peregrinar por diferentes casas, Fructuoso, Juan Pedro y Machadito se refugiaron en el apartamento 201 del edificio Humboldt 7. «Arrendado por un amigo de Joe llamado Eugenio Pérez Cowley –testimonió Rodríguez Loeches– y con desconocimiento del Directorio, dicho lugar era conocido por otros elementos».

TRES HÉROES

Sus compañeros definen a Fructuoso como de un carácter vertical. «Tenía un alto sentido de la lealtad y un poder autocrítico muy grande –explica Faure Chomón–, equilibrado y sereno al tomar decisiones. Reclamaba con mucha seriedad cómo debíamos mantener siempre una conducta revolucionaria; a la vez, era el hombre fraternal hasta la ternura, el gran hermano que nos comunicaba sus nobles sentimientos, su gran desprendimiento, desinterés, conciencia del sacrificio que de él reclamaba la Revolución, desde su lugar de combatiente y como nuevo jefe de la organización. Así lo había expresado varias veces: para ser jefe del Directorio, había que ser jefe como José Antonio».

Sobre Carbó y Machadito, todos coinciden en calificarlos formidables hombres de acción. «Muy valientes, dispuestos a extraordinarios actos de heroísmo –agrega Faure–, y a la vez muy hábiles para elaborar un plan y acometerlo con audacia y esa confianza en ellos mismos, de salir siempre adelante, que debe tener el revolucionario». «Siendo grandes amigos, eran diferentes entre sí: Carbó, campechano, criollo, abierto; Machadito, más sereno, de una ironía muy punzante pero simpática o de una seriedad muy solemne. Carbó era capaz de hacer un chiste en el momento más crítico; Machadito, en momentos como ese no aceptaba bromas».

EL CUARTO HÉROE

Mientras el delator informaba a Esteban Ventura el paradero de los revolucionarios, Julio García Oliveras proveía de comida y colchones a los refugiados en Humboldt 7 y quedó con ellos, en la tarde de aquel 20 de abril, en llevarles útiles personales. Cuando pasó a recoger a Joe, como ambos habían convenido, ya este se había marchado al apartamento donde le aguardaba la muerte. Julio se dedicó a cumplir el encargo de sus compañeros. En el camino, se enteró de que Ventura y sus asesinos habían masacrado a cuatro revolucionarios en un edificio de la calle Humboldt.

Westbrook era responsable en el Directorio de la vinculación con la Enseñanza Media, tarea que cumplió cabalmente.

Logró un gran desarrollo intelectual a pesar de su juventud –añade Faure–, tenía un extraordinario talento, escribía con mucha fuerza y belleza, sin embargo, siempre reclamó un lugar en la acción, lo pidió y se le incluyó. Sabía como buen revolucionario servir con su pensamiento y con las armas a la Patria».

Al triunfo de la Revolución, continuaron las investigaciones sobre los sucesos de Humboldt 7. En 1964, el Tribunal Supremo sancionó a Marcos Rodríguez a la pena de fusilamiento por su criminal delación. Desde 1959, EE.UU. le dio asilo y protección a Esteban Ventura a pesar de su condición de criminal de guerra y autor material de numerosos asesinatos, entre ellos el de los cuatro jóvenes de Humboldt 7.

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