En 1949, las organizaciones campesinas, con el apoyo de la FEU, instituyeron el 17 de mayo como Día del Campesino
Autor: Pedro Antonio García | internet@granma.cu
16 de mayo de 2016 22:05:47
Las tierras del realengo, como sucedía en El Vínculo, hoy provincia de Guantánamo, pertenecían al Estado desde el tiempo de la colonia. Pobres inmigrantes ibéricos y antiguos esclavos la fueron ocupando y allí fundaron pequeñas fincas. Pero las compañías yanquis y terratenientes geófagos, a pesar de sus enormes latifundios, codiciaban hasta esas poco extensas áreas. Y eran capaces de la falsificación y el crimen para obtenerlas.
Lino Mancebo, El Tiburón, como le llamaban, quería agrandar su gran hacienda a cos­ta del realengo. La Federación Campesina de Oriente venía denunciando desde 1944 sus desmanes contra los pobladores de la zona. Y a la finquita de Niceto Pérez el geófago envió sus matones. La primera vez, sus esbirros amenazaron de muerte al pequeño agricultor. Luego volvieron, respaldados por la Guardia Rural, y destruyeron las siembras: “Díganle a Niceto que si no se va, lo vamos a picotear, como a sus viandas”.
En abril de 1946, Niceto y la asociación de agricultores de El Vínculo presentaron una acusación formal ante el juzgado por las constantes agresiones de los sicarios de Mancebo. El sistema judicial nada hizo. Ni la Guardia Rural, por supuesto. El 17 de mayo de 1946, el campesino se hallaba con sus hijos y un vecino desyerbando un boniatal. Andaba desarmado. Rodeado de matones, uno de los Mancebo descargó un revólver calibre 38 contra su pecho.
Apenas so­brevivió una hora.
Amparados por la maquinaria política del Partido Liberal, los Mancebo huyeron a La Habana; sus cómplices, en definitiva, no fueron encausados, a pesar de las protestas de las organizaciones campesinas, la FEU y los estudiantes del Instituto de Guantánamo. El sepelio de Niceto devino manifestación de duelo popular y de repulsa contra el crimen. Cuando el veterano dirigente campesino Lino Álvarez exclamó in­dignado: “Si esto pasa en el Realengo 18, los asesinos ya hubieran sido ajusticiados”; varias voces le replicaron: “Si las autoridades no actúan, tarde o temprano se hará justicia”.
El gobierno del doctor Grau San Martín, tan democrático y justo como afirman ciertos historiadores actuales, desoyó el reclamo popular y permaneció inmutable ante el crimen, alegando subterfugios legales. El sistema judicial de aquella república apeló a trucos y artimañas para que el homicidio continuara impune. Ma­nos de estudiantes escribieron en las paredes de los edificios de la capital: “Se ofrecen 100 pesos por la captura de Lino Mancebo, el Tiburón de La Maya, asesino de Niceto Pérez”. El terrateniente declaró que no le asustaban los letreros. El 26 de febrero de 1947, a la salida de la Lonja del Comercio, lo ajusticiaron con cinco certeras balas de pistolas calibre 45. Según la prensa de la época, era tan impopular el geófago que, pese a lo concurrido del lugar, nadie “pudo” identificar a los autores.
En 1949, las organizaciones campesinas, con el apoyo de la FEU, instituyeron el 17 de mayo como Día del Campesino. No es de extrañar que se escogiera esa fecha en 1959 por el Gobierno Revolucionario para promulgar la Primera Ley de Reforma Agraria. Ni que dos años después (1961), al conmemorarse la firma de esa legislación, se constituyera oficialmente la Asociación Nacional de Agricultores Pe­queños (ANAP).
Al respecto Fidel señalaría por aquellos años que se había querido rendir homenaje “al va­liente y honesto campesino y a todos los que han caído por las reivindicaciones del campesinado. Se firmó ese día simbólico como reparación definitiva de todos los abusos y de todas las injusticias… Entre los muchos que tuvieron que sufrir de la injusticia, alguno habría de simbolizar la causa del campesinado. Esa fecha, sin embargo, dolorosa y triste, tuvo un día cumplida recompensada.

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